El esqueleto sin cabeza de Swamptown
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La zona pantanosa de North Kingston, Rhode Island, conocida como Swamptown, tiene fama de ser un lugar peculiar en sus alrededores, pues Hell Hollow, Pork Hill, Indian Corner y Kettle Hole guardan historias de crímenes indígenas y reuniones de brujas. Aquí, un viajero rezagado vio la figura decapitada de un niño negro en un sendero que serpentea entre las colinas. Era una noche oscura y la figura se reveló en un resplandor azul. Se balanceó un rato, luego se elevó del suelo de golpe y se disparó hacia el espacio, dejando tras de sí una estela luminosa. Aquí también se encuentra el manantial Goose-Nest, donde las brujas danzan por la noche. Se seca cada invierno y fluye durante el verano, brotando con fuerza el mismo día de cada año, salvo una vez, cuando una gansa se apoderó del lecho vacío y allí incubó a sus polluelos. Aquella vez, el agua no fluyó hasta que escapó con su prole.
Pero la historia más espeluznante del lugar es la del indígena cuyo cráneo encontró un obrero. Este, sin sospechar nada, se lo llevó a casa y, como las mujeres no le permitieron entrarlo, lo colgó en un poste afuera. Justo cuando se disponían a acostarse, oyeron un ruido en la puerta y, al asomarse por las ventanas, vieron un esqueleto que se movía con pasos rápidos y furiosos, como si buscara algo. ¿Pero cómo era posible si el esqueleto no tenía ojos ni dónde guardarlos? Agitaba sus huesudos brazos con impaciencia y sus costillas resonaban como un xilófono. Los espectadores quedaron paralizados por el miedo, todos menos el culpable, quien dijo, a través de la ventana, con total naturalidad: «Dejé tu cabeza en el poste de la puerta trasera». El esqueleto se dirigió hacia allí, tomó el cráneo, lo colocó en el lugar donde debería haber crecido una cabeza sobre sus hombros y, tras amenazar con agitar los puños hacia la casa, desapareció en la oscuridad. Se dice que actúa como una especie de guardián del vecindario, para asegurarse de que ninguno de los otros indígenas enterrados allí sea perturbado, como lo fue él. Su lugar de descanso principal es el Rincón Indio, donde hay una roca de la que mana sangre cuando brilla la luna; un recuerdo, sin duda, de alguna tragedia ocurrida allí antes de que los blancos conocieran el lugar. Hay hierro en la tierra, y los visitantes dicen que el color rojo se debe a eso, y que el manantial fluiría con la misma libertad en noches oscuras que en noches claras, si alguien lo viera, pero los nativos, que han reflexionado sobre estos asuntos, saben que no es así.