El águila serpiente

Mabel Cook Cole 28 de junio de 2015
filipino
Intermedio
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Había una vez dos niños cuya madre los enviaba cada día al bosque a buscar leña para el fuego. Cada mañana, al partir, les daba algo de comida para el camino, pero siempre era escasa y mala, y ella les decía:

“La leña que trajiste ayer era de tan mala calidad que hoy no puedo darte mucho de comer.”

Los chicos se esforzaban mucho por complacerla, pero si traían buena madera de pino, ella los regañaba, y si traían grandes cañas secas, les decía:

“Estos no me sirven para la chimenea, porque dejan demasiadas cenizas en casa.”

Por más que lo intentaron, no lograron satisfacerla; y sus cuerpos se debilitaron mucho por trabajar duro todo el día y por la falta de alimento suficiente.

Una mañana, cuando partieron hacia las montañas, la madre les dio un poco de carne de perro para comer, y los niños se pusieron muy tristes. Al llegar al bosque, uno de ellos dijo:

“Espera aquí mientras trepo al árbol y corto algunas ramas.”

Subió al árbol y enseguida gritó: “Aquí hay leña”, y los huesos de su brazo cayeron al suelo.

—¡Oh! —exclamó su hermano—. ¡Es tu brazo!

—¡Aquí hay más madera! —gritó el otro, y los huesos del otro brazo cayeron al suelo.

Luego gritó de nuevo, y los huesos de su pierna cayeron, luego los de la otra pierna, y así sucesivamente hasta que todos los huesos de su cuerpo quedaron en el suelo.

—Llévate esto a casa —dijo— y dile a la mujer que aquí está su madera; ella solo quería mis huesos.

El niño más pequeño estaba muy triste, pues estaba solo y no había nadie que lo acompañara montaña abajo. Recogió el haz de leña, preguntándose mientras tanto qué debía hacer, pero justo cuando terminó, un águila serpiente lanzó un grito desde las copas de los árboles:

“Iré contigo, hermano.”

Entonces el muchacho se echó el haz de leña al hombro, y mientras bajaba de la montaña, su hermano, convertido ahora en águila serpiente, voló sobre su cabeza. Al llegar a la casa, dejó el haz y le dijo a su madre:

“Aquí tienes la leña.”

Al verlo, se asustó muchísimo y salió corriendo de la casa.

Entonces el águila serpiente voló en círculos sobre su cabeza y gritó:

“¡Quiukok! ¡Quiukok! ¡Quiukok! Ya no necesito tu comida.”