La historia de los tres cerditos

joseph jacobs Marzo 18, 2015
Inglés
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La historia de los tres cerditos

Érase una vez, cuando los cerdos hablaban rimas.
Y los monos masticaban tabaco,
Y las gallinas tomaban rapé para hacerse fuertes,
Y los patos hacían cuac, cuac, cuac, ¡oh!

Había una vieja cerda con tres cerditos, y como no tenía suficiente para mantenerlos, los mandó a buscar fortuna. El primero que salió se encontró con un hombre que llevaba un haz de paja y le dijo:

“Por favor, hombre, dame esa paja para construirme una casa.”

Y así lo hizo el hombre, y el cerdito construyó una casa con ella. Al rato llegó un lobo, llamó a la puerta y dijo:

“Cerdito, cerdito, déjame entrar.”

A lo que el cerdo respondió:

“¡No, no, por el pelo de mi barbilla!”

Entonces el lobo respondió a eso:

“Entonces soplaré, y resoplaré, y derribaré tu casa.”

Entonces sopló y resopló, y derribó su casa, y se comió al cerdito.

El segundo cerdito se encontró con un hombre que llevaba un haz de tojo y le dijo:

“Por favor, hombre, dame ese tojo para construir una casa.”

Y así lo hizo el hombre, y el cerdo construyó su casa. Entonces llegó el lobo y dijo:

“Cerdito, cerdito, déjame entrar.”

“¡No, no, por el pelo de mi barbilla!”

“Entonces soplaré, resoplaré y derribaré tu casa.”

Entonces sopló, y resopló, y resopló, y sopló, y al fin derribó la casa, y se comió al cerdito.

El tercer cerdito se encontró con un hombre que llevaba una carga de ladrillos y le dijo:

“Por favor, hombre, dame esos ladrillos para construir una casa.”

Entonces el hombre le dio los ladrillos, y él construyó su casa con ellos. Entonces vino el lobo, como había hecho con los otros cerditos, y dijo:

“Cerdito, cerdito, déjame entrar.”

“¡No, no, por el pelo de mi barbilla!”

“Entonces soplaré, y resoplaré, y derribaré tu casa.”

Pues bien, sopló y resopló, y sopló y resopló, y resopló y resopló; pero no pudo derribar la casa. Cuando se dio cuenta de que, con todo su esfuerzo, no podía derribar la casa, dijo:

“Cerdito, sé dónde hay un buen campo de nabos.”

—¿Dónde? —preguntó el cerdito.

“Oh, en el campo del Sr. Smith, y si estás listo mañana por la mañana te llamaré, e iremos juntos a buscar algo para la cena.”

—Muy bien —dijo el cerdito—, estaré listo. ¿A qué hora piensas ir?

“Oh, a las seis en punto.”

Pues bien, el cerdito se levantó a las cinco y cogió los nabos antes de que llegara el lobo (que llegó sobre las seis), y quien dijo:

“Cerdito, ¿estás listo?”

El cerdito dijo: “¡Listo! He ido y vuelto, y he conseguido una buena olla llena para la cena”.

El lobo se enfadó mucho por esto, pero pensó que de alguna manera se las arreglaría para vengarse del cerdito, así que dijo:

“Cerdito, sé dónde hay un bonito manzano.”

—¿Dónde? —preguntó el cerdo.

—Allá abajo, en Merry-garden —respondió el lobo—, y si no me engañas, mañana a las cinco vendré a buscarte y te traeré algunas manzanas.

Pues bien, el cerdito se levantó a toda prisa a las cuatro de la mañana siguiente y salió a buscar las manzanas, con la esperanza de regresar antes de que llegara el lobo; pero tenía que ir más lejos y trepar al árbol, de modo que justo cuando bajaba, vio venir al lobo, lo cual, como podrán imaginar, lo asustó muchísimo. Cuando el lobo llegó, dijo:

“¡Cerdito, ¿qué?! ¿Estás aquí antes que yo? ¿Son buenas estas manzanas?”

—Sí, mucho —dijo el cerdito—. Te voy a tirar uno.

Y la lanzó tan lejos que, mientras el lobo iba a recogerla, el cerdito saltó y corrió a casa. Al día siguiente, el lobo volvió y le dijo al cerdito:

“Cerdito, esta tarde hay una feria en Shanklin, ¿quieres ir?”

—Sí —dijo el cerdo—, iré; ¿a qué hora estarás listo?

—A las tres —dijo el lobo. Así que el cerdito se fue antes de tiempo, como de costumbre, y llegó a la feria. Compró una mantequera con la que se iba a casa cuando vio venir al lobo. Entonces no supo qué hacer. Se metió en la mantequera para esconderse, y al hacerlo, la giró, y rodó colina abajo con el cerdito dentro, lo que asustó tanto al lobo que este corrió a casa sin ir a la feria. Fue a casa del cerdito y le contó lo asustado que se había puesto por una cosa grande y redonda que bajó la colina y pasó junto a él. Entonces el cerdito dijo:

“¡Ja, ja, te asusté! Había ido a la feria y compré una mantequera, y cuando te vi, me subí a ella y rodé colina abajo.”

Entonces el lobo se enfureció muchísimo y juró que se comería al cerdito y que bajaría tras él por la chimenea. Al ver lo que tramaba, el cerdito colgó la olla llena de agua, encendió un fuego enorme y, justo cuando el lobo bajaba, destapó la olla y el lobo cayó dentro. Enseguida, el cerdito volvió a tapar la olla, lo hirvió y se lo comió para la cena, y vivió feliz para siempre.