Escondite

Caroline Peyron 10 de octubre de 2022
Fábula
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Esconder

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Ella llora en silencio, una niña pequeña derrama lágrimas sobre las cortinas.

Toca. Ya viene.

Toca. Ya viene.

La encontrará. La encuentra siempre.

Toca. Son los zapatos de cuero negro que le gusta ver brillar.

Golpea. Con los dedos de los pies duros como el hierro.

Sabe que hubo un antes. Antes de este hombre, antes de los zapatos. Simplemente no recuerda quién fue. Sabe que tiene una madre, o la tuvo durante un tiempo. Sabe que hay más. Más que suelos ensangrentados que fregar, más que zapatos de ébano que lustrar, velas de cera que encender, labios sangrantes que curar, ojos morados que sanar.

Golpe.

¿Hasta dónde podrían llevarla sus pequeñas piernas?

Golpe.

¿Adónde iría ella?

Golpe.

¿Lo has olvidado, querida?

Él la provoca. Le dice que no se esconda, pero parece disfrutar encontrándola cada vez. Ella se levanta, solloza y sale de entre los pliegues de la maternal cortina, la pesada tela púrpura, su protectora abrazo. Él se queda en la puerta, al otro lado de la habitación. La niña mira el suelo mientras camina hacia él. Él se gira y la sujeta con demasiada fuerza por la nuca. Juntos se adentran cada vez más en la mansión. No, ella no lo ha olvidado. No, no ha olvidado el castigo. No, no ha olvidado sus deberes. No, no ha olvidado que no es nada sin él. No, no ha olvidado que debe estar agradecida. No, no ha olvidado sus zapatos, su cuero negro, y cómo se siente su peso al pisar los suyos. No, no ha olvidado las punteras de hierro, y los colores que pueden teñir su piel de niña. Los lustrará y los colocará junto a su cama. Está agradecida. No es nada sin él.