La aventura de Rachel en el bosque

Conor Walsh Enero 19, 2019
Fábula
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El viento aullante susurraba las hojas de los árboles en el bosque de Wirromb mientras la nieve crujía suavemente al caer al suelo. Todo el paisaje resplandecía de blanco cuando el sol se abrió paso entre las nubes y se filtró entre los árboles, reflejándose en la capa de nieve. Todo parecía normal para un invierno como aquel, mientras Rachel caminaba por el borde de aquel paraíso invernal de regreso a casa desde el pueblo. Su casa está cuidadosamente ubicada junto al bosque. Sus padres esperan pacientemente su regreso.
Rachel sabía que en esa época del año podía ser peligroso estar afuera con frío y humedad. Por suerte, no llovía, pero el viento era gélido. Se le enfriaban las manos a pesar de los guantes y tenía la nariz roja como un tomate. Deseaba estar en casa. «¡Qué maravilla sería estar en casa, relajándome junto al fuego! Solo unos minutos más». Al acercarse a la última curva que daba a su casa, notó una presencia oscura cerca. Era alta, corpulenta y parecía mirarla fijamente. No lograba identificar qué era, pero sin duda no era un humano y no se parecía a ningún animal que hubiera visto. La curiosidad la invadió y decidió investigar, adentrándose en el bosque oscuro y profundo.
Tras dos horas y media de ausencia, los padres de Rachel supieron que algo andaba mal. El miedo los invadió. Ninguno sabía qué hacer. El padre de Rachel sugirió que salieran a buscarla, y así lo hicieron. Primero corrieron hacia el pueblo y, al llegar, preguntaron a todos si habían visto a Rachel. La respuesta siempre era la misma: se había ido hacía rato para volver a casa. Ahora sus padres sabían que debía estar en algún lugar del bosque, pero ¿dónde, en el inmenso bosque de Wirromb? Sería imposible registrarlo por completo.
Fue entonces cuando oyeron un grito desgarrador y supieron al instante que era su querida hija, que se encontraba en grave peligro. Tenían que ayudarla y de inmediato echaron a correr hacia donde provenía el ruido. No sentían los pies por el frío, lo que les dificultaba correr. Tropezaron varias veces, pero entonces la vieron, de pie justo frente a ellos. Mojada y con frío, pero completamente ilesa. «Cariño, ¿cómo has llegado hasta aquí?», preguntó su padre mientras su madre la abrazaba con fuerza. «Lo siento, creí ver algo y empecé a caminar hacia el bosque. No encontraba la salida». «Eso no importa ahora, estás sana y salva, vamos a casa», dijo su madre.
Pasó el resto de la tarde frente a la chimenea calentándose después de haber estado varias horas afuera. Rachel supo que, a partir de ese día, jamás volvería a alejarse, sobre todo no en pleno invierno.